La posición de Alemania y Francia con respecto a la concesión de los fondos de rescate a Grecia está creando un clima de tensión dentro de la Unión Europea. Ambos estados no quieren otorgar dinero a los griegos si estos no presentan un plan de disminución del déficit creíble. El ministro de asuntos exteriores de Alemania, declaró a los medios que “No es posible que convirtamos a los contribuyentes europeos en responsables del mal comportamiento de algunos países”.
Esta posición alemana se explica no sólo porque es el estado que más dinero aporta al plan de rescate (unos 8.400 millones de euros), sino también debido a la proximidad de las elecciones regionales. La cuestión de política interna es importante, porque la población alemana no ve con buenos ojos que se deba brindar ayuda económica a países que no supieron manejar su propia economía y que además engañaron a la Unión Europea acerca del estado real de las finanzas estatales. Las voces de oposición al plan de rescate se escuchan incluso dentro de las mismas filas del partido de Ángela Merkel.
Por su parte, la ministra de finanzas francesas, Christine Lagarde, declaró ante los medios de prensa que hay que desplegar mecanismos de solidaridad con Grecia, pero eso no significa que se deba ser complaciente.
Entre tanto, una buena visión acerca del peligro que atañe a la economía griega se puede ver en la evolución del mercado, el interés para los bonos griegos a diez años no hace más que aumentar.

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