Desde su exilio forzoso, Polanksi debe estar satisfecho del transcurso de esta edición de la Berlinale, donde su último filme The Ghost writer, se ha llevado el premio Oso de Plata al mejor director. Desde el arresto domiciliario al que está sometido, desde que quedara en libertad bajo fianza por el escabroso delito, ya prescrito, cometido en los Estados Unidos en 1977.
Los demás premios del jurado serían los siguientes: El Oso de Oro a la mejor película ha recaído en Bal, del director Semih Kaplanogu. La tercera parte de la trilogía de este director, detrás de Egg y Milk. Dechado de humildad, coraje y amor por la naturaleza, Bal, protagonizada por un niño de cinco años llamado Boras Altas quien interpreta a Yusuf, un niño de las montañas de Anatolia, donde vive con sus padres. Tímido, introvertido, con un inmenso mundo interior. Solo se relaciona con sus padres, mayormente con su padre, al que habla en susurros. El padre, apicultor, es su conexión con la naturaleza, entorno que aburre al protagonista.
Hay una desoladora belleza en la película, aunque puede parecer un poco lenta en su desarrollo. Pero basada en su totalidad en la belleza y la imagen del niño. Un viaje iniciático que contrasta su mundo interior con la crueldad del medio natural que le envuelve y le aprisiona a la vez. Rodada con paciencia y esmero, sensibilidad, que se plasma en cada secuencia.
Los osos de plata al mejor actor recayó en Sergei Puskepalis y Grigori Dobrygin por el filme Cuando terminé este verano, del ruso Alexei Popogrevsky.

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